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París
es... París. No hay necesidad de mayores adjetivos para reconocer
lo que al viajero sugiere esta ciudad. París es tan intensa
como sutil, tan veloz en la vida cotidiana como reposada en las tardes
de bohemia, tan moderna como antigua, tan culta como popular; es tan
francés, que no se concibe a Francia sin ella. Pero París
no es toda Francia, es sólo una parte de este encantador país
a cuyo encuentro acuden anualmente miles de turistas.
La ciudad está dividida en 20 distritos o arrondissements,
cada uno de los cuales ofrece un animado paisaje urbano. Esta división
de tipo geopolítico, queda marcada por el río Sena,
que cruza París y en cuyos márgenes se fundó
la ciudad hace más de 20 siglos. Con fines prácticos
se pueden señalar cuatro zonas: la Ile de la Cité, que
comprende las islas que se enclavan en el Sena, el propio río
en todo su caudal, la Orilla Derecha y la Orilla Izquierda, que son
los sitios ubicados a ambos lados del río.
EL RÍO SENA
Un paseo en barco por el río Sena ofrece una vista que resulta
muy atractiva y ubicativa para el recién llegado. Desde sus
aguas ancestrales, es posible vivir con intensidad esa sensación
onírica de estar atrapado en el pasado, en una especie de tarjeta
postal viva que golpea con los olores, los sonidos y los colores que
se perciben. Hay tres compañías que ofrecen excursiones
en barco por el río de día durante casi todo el año
y de noche durante el verano, cuando el clima invita a recorrer París
de esta romántica manera. Los paseos duran desde una hora hasta
una mañana o una tarde. Algunas naves son de gran elegancia
y exigirán a sus pasajeros el uso de traje y corbata. Los precios
varían de acuerdo a la calidad de la embarcación y los
servicios que preste.
El río se puede recorrer también a pie, por sus orillas,
encontrando entonces un fuerte contraste entre la quietud de sus aguas
por un lado, y la agitación vehicular de las vías rápidas
que corren paralelas al río. La mayor ventaja de hacer el recorrido
a pie es que de esta forma resulta posible acceder a sus puentes en
el sentido en que fueron construidos: como forma de cruce hacia el
lado opuesto.
Los puentes del Sena fueron construidos entre 1600 y 1800 por órdenes
de diferentes gobernantes. La intención era, desde luego, práctica:
facilitar el tránsito de un lado a otro del río; sin
embargo, el característico espíritu estético
de los franceses hizo de estos puentes sitios románticos y
bellos desde los cuales tener un instante de intimidad con el río
y sus reflejos. El Pont Neuf, de 1607, fue en los tiempos de su reciente
construcción un centro de reunión de cantantes callejeros,
charlatanes, vendedores de libros y dentistas aficionados, así
como de toda clase de estafadores y ladronzuelos. El Pont Royal, construido
en el reinado de Luis XIV, permite una excelente vista de los jardines
de las Tullerías y el Louvre. El Pont de la Concorde, correspondiente
a la etapa de la Revolución francesa, guarda en sus entrañas
piedra tomada de la destrucción de la Bastilla y con ello representa
el fin de una era de absolutismo que los franceses marcan notablemente.
También se le conoce como el Puente de la Revolución.
Por último, el Pont Alexandre III, el más nuevo del
río, construido a finales del siglo XIX, representa la era
tecnológica de Francia al estar realizado en acero.
LA ORILLA DERECHA
La Orilla Derecha del Sena ha sido tradicionalmente la zona burguesa
de la capital francesa. Es aquí donde se localizan las boutiques
más exclusivas, las joyerías más renombradas,
los teatros y cines de mayor categoría y elegancia. Los Campos
Elíseos son la avenida más importante y representativa
de esta zona y de la vida parisina en general son esa especie de camino
en el que se puede perder, por un instante, la visión de la
realidad y sentirse un personaje épico, romántico, histórico
o ser, sencillamente, un turista que se acerca a una cultura acogedora.
Aún si solo se cruza como mero efecto de tránsito, esta
avenida hipnotiza con su encanto y elegancia. De día, la belleza
de sus árboles, castaños, plantados a lo largo del camino
por órdenes de Catalina de Médicis, ofrece una vista
natural, serena y atractiva para quienes gustan de esa extraña
conjugación entre la civilización y la naturaleza. De
noche, las luces que lo iluminan convierten esta zona en un espectáculo
de luz, sofisticado, cosmopolita, netamente francés y absolutamente
parisino. La mayor parte de esta famosa avenida está ocupada
por tiendas, cines y cafés, de los cuales son mundialmente
conocidas sus terrazas en donde es posible observar pasar a los demás
y sentir que el tiempo no es la torturante amenaza de todos los días.
Un recorrido ideal es el que inicia en la Plaza de la Concordia,
en donde fueron guillotinadas más de 1.000 personas durante
la era de terror post-revolucionaria. En esta plaza se encuentra también
el monumento más antiguo de Francia: el Obelisco de Luxor,
impresionante obra de 23 m. de altura, tallado en granito rosado en
el año 1300 aC. regalo del virrey de Egipto en 1836. Continuando
por los Campos Elíseos, se llega al Arco del Triunfo
erigido por Napoleón y símbolo del imperio, de la república
y la libertad. Durante este trayecto se pueden observar el Petit et
Grand Palais, de la época monárquica, esculturas colosales
que se han ganado un sitio en esta calle y, bajo el imponente Arco
del Triunfo, la Tumba del Soldado Desconocido que rinde homenaje
a los muertos en la Primera Guerra Mundial.
El Louvre es el museo de mayor renombre de París.
Más de 18 hectáreas componen esta especie de plaza-
museo que alberga alrededor de 400.000 obras; entre éstas,
La Mona Lisa de Leonardo Da Vinci, quizá la estrella del museo.
Entrar en el Louvre es abstraerse del acelerado mundo actual y trasladarse
a una época sin tiempo, en donde solo la sensibilidad, el sosiego,
la belleza marcan el ritmo de la historia. Construido a principios
del siglo XIII, fue originalmente una fortaleza de protección
de la ciudad. Con el paso de los años y de la monarquía,
fue sufriendo modificaciones que lo volvieron más acogedor
y que lo convirtieron en residencia real. La sección que ofrece
una vista hacia el jardín de las Tullerías, correspondió
a la zona palaciega destinada a funcionar como morada de la Familia
Real en París. En otra época, fue residencia de cortesanos
menores o de artistas hasta que, durante la Revolución Francesa,
se le utilizó como Cuartel General, para ser convertido por
Napoleón, años más tarde, en museo. La última
modificación que se le hizo, durante el mandato de Mitterrand,
fue la construcción de la Pirámide de Cristal, imponente
obra que se encuentra en la zona de la entrada principal y que le
recuerda a los visitantes la presencia del siglo XX, antes de perderse
en el interior del museo en un viaje por el pasado.
El museo está dividido en tres plantas y en ocho salas: antigüedades
orientales, egipcias, griegas, etruscas y romanas, esculturas, pinturas,
artes gráficas y objetos de arte. La parte de construcción
que queda sobre el suelo está formada por tres alas: Denon,
Richelieu y Sully, cada una con sus patios interiores y sus jardines.
La sección de objetos de arte, guarda la colección de
joyas de la Corona Francesa que contiene el increíble diamante
Regent de 186 kilates. En el Salón Napoleón, se pueden
observar la historia del propio museo y exposiciones temporales; esta
es también la parte donde se ubican restaurantes y librerías
dentro del museo. El Louvre abre sus puertas de 9.00 h. a 21.30 h.
todos los días, excepto los martes. No hay necesidad de hacer
reservación, aunque si de tomar en cuenta que es el museo más
visitado de Francia y que seguramente habrá que incluir un
tiempo para las filas. Por ser un museo tan grande, es recomendable
disponer de varios días o visitarlo por zonas.
El Palais Royal es una impresionante construcción
destinada al Cardenal Richelieu en 1639. La belleza y la paz que irradia
hacen pensar en los tiempos de antaño, en las intrigas palaciegas
y eclesiales que dominaron esa época de la historia. Para poder
sostenerlo, desde los tiempos de la monarquía, se abrieron
al público varios salones de la planta baja convirtiéndolos
en cafés y tiendas exclusivas que perduran hasta hoy.
Les Halles fue el mercado más importante desde 1183 hasta los
años sesenta, en que por razones de tráfico fue demolido
y convertido en un espacio más higiénico y moderno,
pero menos vivo, llamado Forum des Halles. Actualmente bajo éste
se localiza una de las estaciones del metro de París más
abarrotadas. Su espacio multicomercial y modernista es ocupado por
tiendas de todo tipo y cafés. En los alrededores de este Forum
se encuentra la Videoteca de París, amplia, moderna y muy visitada
y el Museo de Holografía que ofrece retratos que parecen vivos.
A escasos metros del Forum se encuentra la Fuente de los Inocentes,
obra renacentista que atrae a mucha gente debido a su belleza y sencillez.
El Centro George Pompidou, conocido también
como el Museo Nacional de Arte Moderno, es el centro principal de
las exposiciones temporales y de obras de Matisse, Miró y Picasso
entre otros. Cuenta con una extensa plaza exterior donde artistas
callejeros presentan sus obras. El Museo es un moderno complejo que
cuenta con biblioteca informativa, salas de proyección y un
Centro de Creación Industrial dedicado a la arquitectura moderna.
En la zona aledaña al Pompidou se puede acceder a sitios curiosos
como El Defensor del Tiempo, que no es otra cosa que un gran reloj
mecanizado de belleza excepcional el IRCAM, un centro 'underground'
destinado a la creación musical y la Plaza Igor Stravinsky,
que cuenta con la primera fuente contemporánea de París,
llena de colorido contrastante con la sobriedad de la zona.
Place Vendome es una pequeña zona destinada
a albergar la estatua de Luis XIV, pero que terminó ocupada
por la efigie de Napoleón. Actualmente es la zona financiera
de París, cuajada de bancos, joyerías, casas de bolsa
y el Ministerio de Justicia. Siguiendo por la Rue de la Paix, se pueden
observar las mejores tiendas de pieles, joyas y artículos decorativos
en oro hasta llegar al Teatro de la Opera, el más
grande del mundo, de estilo neobarroco, que ha albergado a lo más
selecto de la aristocracia y la burguesía posterior a la Revolución
Francesa y cuyo vestíbulo fue decorado por el pintor Chagall
. El camino de la Opera a la Place de la Madeleine fue en su tiempo
el camino de artistas tan brillantes como Renoir y Manet, que celebraron
en esta zona la primera exposición de pintura impresionista.
En esta zona se encuentra también el sitio donde los Hermanos
Lumiere presentaron la primera obra de cine. Esta herencia cinematográfica
ha llevado a colocar en el Boulevard Des Capucines las mejores salas
cinematográficas de París, puesto que sus habitantes
continúan rindiendo homenajes a este arte. A dos manzanas de
la Madeleine se encuentra Maxim's, el restaurante más exclusivo
de la ciudad.
Caminar por la Rue du Faubourg Saint-Honoré es hacerlo por
la calle que ofrece los espacios más excéntricos en
cuanto a compras en París; al mismo tiempo, es posible observar
el Palacio Presidencial Francés, conocido como Palais
de l'Elysèe.
Dentro de la área que se conoce como Orilla Derecha se encuentra
el distrito de Montmartre que es la zona bohemia
por excelencia. Aquí es posible apreciar los paisajes humanos
y naturales que inspiraron a Renoir, Van Gogh , Gauguin y Picasso
en sus particulares visiones del mundo. Aquí también
se encuentran algunos de los estudios donde inicialmente estos artistas
dieron rienda suelta a sus ideas; estudios que pueden visitarse con
ayuda de los habitantes de la zona. Un veloz viaje hacia el presente
hace ver en sus calles, artistas de todo tipo, en especial pintores,
que realizan sus obras en las aceras de la Place du Terte, ante los
asombrados ojos de los turistas. Este mercado de arte resulta interesantísimo
por la viveza de su gente, por la mezcla de colores y acentos que
la zona impone y por el contraste entre lo sublime y lo vulgar.
Pequeño pero adecuado a la obra de Salvador Dalí, en
el corazón de este distrito, existe un pequeño museo
que muestra algunas pinturas de este genio español. También
es recomendable visitar el Museo Montmartre que realiza exposiciones
temporales de obras artísticas nacidas en la zona; quizá
no tenga la imponente fuerza de otros museos de París, sin
embargo, ofrece el atrevimiento de sentir que se descubre el arte
que está naciendo en el presente.
La Basílica del Sacré-Coeur, ubicada
en una colina, refleja la luz de manera espectacular en esta parte
de París. Fue construida en 1871 en un estilo romano bizantino,
recargado en adornos, de piedra de Chateau-Landon que tiene la cualidad
de endurecer y volverse más blanca con el paso de los años.
Desde su cúpula, se obtiene una estupenda vista de la ciudad
que se convierte en uno de los mayores atractivos para el turista.
Para acceder a la basílica se puede tomar el funicular que
parte de la calle Foyatier y que acepta los billetes del metro de
París.
Cercana a esta basílica se localiza la Iglesia de Saint Pierre
de Montmartre, posiblemente la más antigua de París,
construida en 1147, cuya belleza radica en su estilo gótico
primitivo.
El Cementerio de Montmartre le ofrece la belleza de sus jardines y
su silencio respetuoso, con la posibilidad de acercarse a las tumbas
de algunos notables personajes de la cultura como Stendhal, Heins,
Degas, Zolá y Berlioz.
Hay dos sitios de este distrito que cuentan con una gran tradición
popular. El primero es un restaurante llamado 'A la Mère Catherine',
donde los cosacos rusos con su mezcla lingüística crearon
una jerga de este ambiente que perdura en París. El otro lugar
es el Au Lapin Agile ('El Conejo Agil), club nocturno donde se realizan
tertulias literarias desde 1910 que conviene visitar para empaparse
del entorno bohemio de la zona.
Finalmente, es necesario señalar que de todo París,
solo en Montmartre sobrevive una pequeña parcela de viñedos
ubicados en la Rue Sant Vicent y que el primer sábado de octubre
reviven el ritual de la vendimia, olvidado y perdido entre las historias
de esta cosmopolita ciudad.
El Marais es otro distrito de la Orilla Derecha cuyo nombre proviene
de haber sido una zona pantanosa. Las construcciones que conserva
revelan el desarrollo histórico, artístico y arquitectónico
de París desde los últimos años del siglo XVI
hasta la Revolución. Es una zona que guarda a las casas más
representativas del renacimiento y que actualmente alberga museos
históricos y biográficos, así como bibliotecas.
Algunas de sus viejas mansiones se han convertido en sobrios hoteles
que permiten vivir la fantasía de hospedarse en sitios verdaderamente
impresionantes.
La Place des Vosges es una zona de increíble belleza con sus
jardines y construcción palaciega de absoluta simetría.
El escritor Víctor Hugo vivió en esta zona y su hogar
es actualmente un museo en su honor.
El Museo Picasso fue creado en 1986 con numerosas obras del autor
que el gobierno francés heredó como pagos sucesorios
a la muerte del pintor. Alberga una colección de cuadros, dibujos
y esculturas que reflejan claramente la evolución del artista,
con sus períodos azul, rosa y cubista. La colección
no se exhibe completa todo el tiempo; hay obras que no pueden verse
en una visita, pero que seguramente en otra podrán disfrutarse.
El museo incluye pequeñas salas de proyección y abre
todos los días, excepto martes y festivos, de 9.30 a 18.00
h.
El Museo Kwok-On es una de esas extrañezas en el corazón
de París: un espacio dedicado a la cultura oriental que contiene
objetos de los festivales callejeros de las tradiciones orientales.
LAS ISLAS DEL SENA
Las islas que se encuentran en el interior del Sena componen otra
zona de atracciones para el visitante. Ile de la Cité es el
sitio más antiguo de París. En su interior se encuentran
algunos de los sitios más representativos de esta hermosa ciudad.
El Concergierie es un hermoso palacio destinado durante la Revolución
a salvaguardar a los prisioneros hasta el momento de su ejecución
en la guillotina. Sainte- Chapelle es una magnífica obra gótica
del año 1248 cuya principal característica es el color
y la luz que se filtran a través de sus 15 vidrieras elevadas,
construidas como un caleidoscopio en colores rojo, azul, oro, verde
y malva que forman escenas religiosas asombrosamente hermosas. Sus
altas torres de 15 m de altura, están coronadas por una especie
de espinas talladas en piedra que representan las espinas que Cristo
llevó en su cabeza.
Alrededor de Sainte-Chapelle, en tiempos remotos, los orfebres frecuentaban
la zona, razón por la que esta calle se conoce como Quai des
Orfevres.
París no se concibe sin la imagen de Notre-Dame, obra maestra
de la arquitectura gótica y medieval. Su construcción
se inició en 1163 y llevó 170 años concluirla.
Su impresionante nave de estilo romano están rodeada por columnas
y torres góticas que se coronan con esculturas de imágenes
claramente medievales. La luz, que tanto encanta a los franceses juega
un papel central en esta preciosa construcción y se filtra
por los grandes rosetones para ofrecer en los atardeceres un espectáculo
cercano al cielo. A un lado de esta magnífica obra, se ha desarrollado
el Museo Notre-Dame, destinado a recoger la historia y tradición
de la célebre basílica que inspirara la más conocida
obra de Víctor Hugo.
Ile Saint-Louis es la otra isla que alberga el Sena. Tiene una gran
diferencia con Ile de la Cité al conservar un carácter
menos religioso y más pagano con sus hoteles, restaurantes
y bares en donde la vida se goza ampliamente. Habitualmente es zona
de gente poderosa que goza de la magnífica vista que vivir
aquí ofrece.
LA ORILLA IZQUIERDA
La Orilla Izquierda de París ha sido tradicionalmente la zona
intelectual, vanguardista y más cultural de la ciudad. Es un
espacio donde se ubican las universidades, las editoriales y galerías
de arte más independiente. Para conocer este ambiente hay que
iniciar por el Barrio Latino, en el que antaño los jóvenes
acudían a aprender latín para poder ingresar en la Universidad.
La Place Sainte-Michael es el sitio donde se pueden adquirir libros
en mayor cantidad y a donde acuden con frecuencia los estudiantes,
razón por la que está cuajada de cafés donde
se vive un ambiente muy juvenil.
La Sorbona fue, inicialmente un sitio donde los estudiantes
se reunían al aire libre a discutir sobre temas teológicos.
Su fundador fue Robert de Sorbon en 1253. Años más tarde,
el Cardenal Richelieu apoyó la financiación de este
centro, tiempo en que se construyó la Iglesia de la Sorbone
en donde se conmemora al cardenal año con año el 4 de
diciembre, día de su muerte. La universidad cuenta con un Anfiteatro
de 2.700 asientos en donde se han llevado a cabo históricas
discusiones, como la de mayo de 1968. Esta construcción cuenta
en su interior con pinturas de Puvis de Chavannes que la embellecen
notablemente. La universidad se ha extendido actualmente en diversas
facultades que ocupan zonas aledañas.
Cercano a la Sorbona se encuentra el Pantheón,
de estilo neoclásico, que alberga los restos de los héroes,
políticos y literatos más notables de la nación.
El funeral de Víctor Hugo fue quien marcó la pauta para
este carácter secular del Pantheón; se dice que fue
el funeral más imponente de la historia francesa. Aquí
yacen entre otros, Voltaire y Rousseau, así como Louis Braille,
inventor del alfabeto para ciegos.
Si lo que desea es un encuentro con las reminiscencias romanas y la
Edad Media, puede visitar el Museo Cluny, en las orillas del Barrio
Latino, donde podrá observar a la Dama del Unicornio, encontrar
las mejores colecciones de arte medieval y entrar a las ruinas de
algunos baños galorromanos que alberga el edificio.
El Barrio de Luxemburgo es una zona pacífica y extremadamente
elegante en medio de una ciudad moderna. Los Jardines de Luxemburgo,
de una belleza menos simétrica que los de Versalles o las Tullerías,
permiten disfrutar de un momento de relax y de una visión tranquila
sobre París. Fueron propiedad del Conde de Provence que ofrecía
entrar y probar la fruta de sus huertos por una pequeña cantidad
de dinero. Actualmente están a cargo del Estado y el importe
de la entrada se utiliza para conservarlos. Es posible tener una comida
campestre en el parque, aunque no sobre los propios jardines. Para
ello es recomendable comprar algo en el mercado callejero cercano
al Pantheón.
St-Germain des Prés es otro exclusivo barrio parisino del lado
izquierdo que conviene visitar. Ha sido centro de vida y reunión
de intelectuales de la talla de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir.
La filosofía y arte existencialistas nacieron en esta zona
después de la Segunda Guerra Mundial. Es un espacio cubierto
de bares, cafés y brasseries, tiendas de antigüedades,
libros y moda que la hacen ruidosa, movida, intranquila, que causa
la sensación de que ahí se cocina algo encantador respecto
a la vida y el pensamiento. El Café de Flore, con su interior
Art Deco, refugió a muchos de estos célebres intelectuales
en tanto que la Brasserie Lipp, decorada con azulejos de colores,
es centro de reunión de políticos actualmente. La Iglesia
del barrio, del mismo nombre, es la más antigua de París;
cuenta con una torre con un reloj de hace 1.000 años y en su
interior descansan Descartes y el rey de Polonia.
La Ecole des Beux Arts, de gran tradición desde la etapa medieval,
es un sitio más que visitar para observar la evolución
que ha tenido desde su fundación. El Palais de l'Institute
de France acoge a la prestigiosa academia francesa, fundada en 1635
por Richelieu. Posteriormente se incorporaron la academia de letras,
de ciencias, bellas artes y ciencias morales y políticas.
El Palais Bourbon es la sede de la Asamblea Nacional. Su imponente
construcción del s. XVIII es el marco de la zona de embajadas,
ministerios y residencias de nobles. Está adornado por pinturas
de Delacroix, sin embargo, dado su carácter político,
solo es posible visitarlo solicitando permiso previamente.
El Museo de Orsay es una soberbia construcción
de Víctor Laloux, que en 1900 se diseñó como
una terminal de ferrocarril. Rescatada y remozada en 1986, se convirtió
en museo. Cuenta con tres niveles: en el primero, se ofrecen obras
correspondientes al período de 1850 a 1900; en la segunda planta
se puede apreciar una muestra del Art Nouveau decorativo del siglo
XIX y principios del XX, así como una muestra de los inicios
del cine; la planta superior conserva una destacada y amplia colección
de la pintura impresionista y post-impresionista francesa. Entre las
obras más atractivas están 'Almuerzo en la Hierba' de
Manet, 'Las Puertas del Infierno de Rodín, 'Doctor Paul Gachet'
de Van Gogh y 'Bailando en el Moulin de la Galette' de Renoir. Las
puertas del museo están abiertas de martes a sábado
de 10 a 18 h.
Un sitio que no puede perderse es el Museo Rodín, antigua residencia
del artista, donde podrá observar una gran cantidad de sus
obras para sentir el espíritu francés de la actualidad.
El célebre 'Pensador', que transmite la constante duda del
hombre ante la vida, o 'El Beso', que revela el erotismo en su expresión
más pura, impregnando a los espectadores de una magia que no
se disuelve con el paso del tiempo. Una riqueza más de este
museo es la posibilidad de encontrarse con la obra de Camille Claudel,
mujer que compartió una tormentosa relación con Auguste
Rodín y de la cual apenas se conoce su obra; esto le permitirá
sentir que entra en el mundo privado de esta pareja, que conoce sus
secretos e imagina sus pensamientos.
Montparnasse es una zona del lado izquierdo de la ciudad que conserva
un elevado nivel de vida, tanto como se puede esperar de un nombre
como el que posee. Aunque Montmartre es el centro de reunión
de artistas, Montparnasse ha reunido siempre a los más vanguardistas.
Los sitios más atractivos de este distrito no son precisamente
grandes construcciones, plazas o mercados sino sus cafeterías
y bares donde personajes históricos discutieron y dieron forma
a sus ideas, pensamientos y proyectos que más tarde influirían
en el mundo. Por este espacio parisino desfilaron numerosos expatriados
rusos y americanos como Hemingway, Gertrude Stein y Trotsky, acompañados
por franceses solidarios, españoles que veían en París
el centro de su desarrollo, ingleses que buscaban un refugio para
atraer la inspiración y escribir, así como un sinfín
de aspirantes a artistas o políticos que nunca llegaron a ser
conocidos por la historia.
La mayor parte de los sitios donde esta agitada vida cultural se generó
permanecen actualmente y ofrecen servicio al público. La Coupole
es una brasserie que funciona desde 1927, La Closerie des Lilas era
el sitio favorito de Lenin y Trotsky. Sin embargo, hay un legado popular
que Montparnasse ha hecho a la tradición francesa: en 1845,
en la Sala de Grande Chaumiére, nació el Cancán.
Esta zona alegre pero favorecedora del pensamiento cuenta con un cementerio
que, como era de suponerse, guarda los restos de algunos de esos hombres
y mujeres que en estas calles dieron a luz a sus más brillantes
ideas.
La Torre Eiffel es sin duda alguna el monumento francés
más representativo en la actualidad. Fue construida por Gustave
Eiffel para la Exposición Universal de 1889. Su diseño,
en aquel tiempo modernista, despertó severas críticas
hacia su autor, quizá porque resultaba chocante con el estilo
del París del siglo XIX. Hoy en día es uno de los sitios
más visitados. Cuenta con 320 m. de altura divididos en tres
niveles. En el primero se puede llegar a un observatorio, a los 57
m. de altura por medio de ascensores hidráulicos o escalones.
El segundo nivel cuenta con el Restaurante Julio Verne, que ofrece
una vista magnifica de París a través de sus amplias
ventanas de cristal. El tercer y último nivel tiene una capacidad
de 800 personas y salas de observatorios con potentes lentes para
inspeccionar la ciudad. Este monumento es muy visitado y es conveniente
hacerse a la idea de que posiblemente haya que esperar bastante para
poder subir.
Así como París ha sido el refugio histórico de
las más notables expresiones del arte a través de la
historia, también es, hoy en día, una ventana para mirar
hacia la tecnología del presente y la ilusión del futuro.
La Cité des Sciences et de l'Industrie, es el museo más
moderno de esta clásica ciudad y el segundo más visitado,
después del Louvre: 5 millones de visitantes por año.
Aquí se pueden sentir las emociones más fuertes que
no se encuentran precisamente al alcance del ciudadano común.
En sus salas de simulación, es posible convertirse en el piloto
de un sofisticado avión, en capitán de un moderno submarino
o realizar un viaje mágico desde las entrañas de la
tierra hasta el universo. La Géode es una construcción
hemisférica de 1000 metros cuadrados que componen una pantalla
cinematográfica a través de la cual se proyectan películas
que son un verdadero homenaje a la imagen y el sonido; es, también,
la construcción que identifica a este Museo Temático.
¿Y si soñara con ser un astronauta? Este es el sitio
ideal para realizar su fantasía: en el Planetario de este museo
es posible ver y sentir el universo tal y como lo vería un
viajero del espacio. Otro atractivo es El Cinaxe, una sala móvil
donde se ofrecen espectáculos que conjugan la poesía,
el humor y las sensaciones fuertes. Dentro de La Cité des Sciences,
existe una zona destinada a los niños: La Cité des Enfants.
Esta zona, de tipo interactivo, permite a los chicos de 3 a 12 años
acercarse a las maravillas de la ciencia de una manera divertida y
atractiva. Dentro de este parque temático existen servicios
de banco, restaurantes, tiendas y librerías. Como su nombre
lo indica, es una pequeña ciudad del futuro en donde conviene
pasar al menos un día entero. Las entradas pueden ser individuales
o por grupos de 20 personas, en cuyo caso sería necesario hacer
una reserva.
Otras atracciones para niños en la zona de París son
El Jardin d'Acclimatation, parque infantil ubicado en el Bois de Bologne
que cuenta con un tren en miniatura, zoológico y barca en los
que se puede recorrer. El Parque Floral de París es similar
al anterior, aunque está ubicado en la zona del este. Hay varios
acuarios que reúnen especies inolvidables y que siempre resultan
atractivos para los chicos; entre los más renombrados están
el Centre de la Mer et des Eux y el Aquarium Tropical. En general
las entradas a estos sitios no suelen ser elevadas y los niños
siempre pagan menos que los adultos. Los horarios oscilan entre la
10 y las 18 horas.
Ideado por el oceanógrafo Jacques Costeau, el Parc Océanique
está destinado a la observación de especies marítimas;
la entrada es costosa ya que con ella se financia la exploración
científica, sin embargo, su contenido es muy interesante para
aquellos que gustan del mar.
El Museo de la Femme et Collection d'Automates es un atractivo sitio
para las niñas y las personas que no han olvidado la dulzura
de la infancia. Su colección de muñecas de cuerda y
autómatas es puesta a funcionar cada tarde, haciendo con ello
un espectáculo delicioso que remonta a aquellos tiempos en
que los juegos eran más sencillos y menos visuales.
LOS ALREDEDORES DE PARÍS
Ile de France no es ninguna isla; es el nombre que se le ha dado a
la zona urbana que se mezcla con París. En ella se encuentran
principalmente suburbios más modernos, fruto de la concentración
de la población en torno a la capital, conviviendo con la aristocracia
de los viejos palacios y castillos de la etapa de los reyes.
El Palacio de Versalles, a 24 km. al oeste de París, fue el
sueño de fuga de Luis XIV, el Rey Sol, que veía como
París se volvía cada día más bullicioso,
repleto de gente y poco atractivo para la tranquilidad. Con la idea
de establecer un nuevo sitio que conservara el aire aristocrático
y elitista de la tranquilidad privada, mandó construir Versalles.
Su gran tamaño se debe a la necesidad de trasladar a la corte
completa que, con sus damas, sirvientes, cocineros y guardias contaría
alrededor de 20,000 personas. Versalles es el símbolo por excelencia
de los excesos cometidos por la monarquía, del ocio, de la
decadencia moral, pero es también un sitio recargado de belleza,
de salas para usos específicos, de tradición e historias
palaciegas que no distinguen entre la realidad y la leyenda.
Dentro de Versalles lo más visitado son El Petit Trianon, sitio
donde se refugiaba Luis XVI antes de que la Revolución terminara
con su reinado; la Galería des Glaces, en donde hermosos y
amplios espejos son el centro de atracción; los Grands Apartements
que fueron salones de estado en donde se dieron cita numerosos nobles
y militares, los Petit Apartments que reflejan la vida más
íntima de la familia real y el impresionante Salon Apolo, que
Luis XIV dedicó al Dios del sol y en el cual se ubicaba el
trono del monarca galo. La capilla y una pequeña sala oval
de Opera son también muy atractivas para visitarlas. Entrar
en Versalles es asomarse a un mundo irreal para la mayor parte de
los mortales que está recargado de lujo, suntuosidad y belleza
monárquica.
En la parte exterior, bañados de luz y ofreciendo un espectáculo
de color y armonía geométrica se encuentran los famosos
Jardines de Versalles. Entrar a esta zona es gratuito. Su recorrido
puede ser agotador ya que se trata de 100 hectáreas de jardín
diseñadas tan detalladamente que riman con el suntuoso interior
del Palacio. En el verano se organizan espectáculos de luz
y fuegos artificiales que hacen aparecer a Versalles como el palacio
de un cuento de hadas. A pesar de ello, visitarlo en el otoño
ofrece el paisaje más puro de este precioso jardín,
con los colores ocres y dorados de la temporada más nostálgica
del año.
El Chateau de Chantilly, hacia el norte de París es un palacio
de belleza excepcional que conserva en su interior obras de Rafael,
Da Vinci, Delacroix así como una exquisita colección
de manuscritos de la época, (especialmente famosos son los
del Duque de Berry).
Fontainebleau fue quizá el castillo más apreciado por
la realeza para las temporadas de cacería; construido por Francisco
I y sumamente apreciado por Napoleón. En su interior se exhibe
el uniforme del famoso emperador, la cama en la que dormía
y el sombrero que llevaba cuando regresó de su destierro en
la isla de Elba para intentar reinstalar el imperio. Al igual que
Versalles, Fontainebleau cuenta con salas dormitorio para el Rey,
el salón del trono, los aposentos de la reina, en este caso
conocidos como el Salón de las Seis Marías, biblioteca,
ópera y un amplio espacio de imponentes jardines.
Vincennes es otra zona dedicada a la estación de caza. A las
puertas de París, ofrece un patio de armas impresionante que
no debe perderse. En su torre principal, albergó a célebres
prisioneros como Diderot, Mirabeau y Sade.
Rambouillet fue sede de trabajo de Napoleón. Está decorada
al estilo renacentista y cuenta con amplias salas de mármol
que se utilizaban para ofrecer fiestas diplomáticas. Actualmente
es la Residencia de los Presidentes de la República.
Toda la zona que envuelve a París está cargada de mansiones,
palacios y castillos de menor tamaño que los más afamados,
aunque no de menor belleza. Un recorrido tranquilo le genera al visitante
esa distancia que se busca en las vacaciones, la distancia con la
agitada vida moderna, al sumergirse en la vida palaciega que los franceses
vivieron con intensidad.
Entre un trayecto y otro, se pueden visitar los pequeños pueblos
en donde la vida se vuelve sencilla, accesible, en donde la Francia
de hoy se construye. Al hacer una parada en alguno de estos poblados,
se puede tener la visión de aquello que ha inspirado a tantos
artistas, políticos, científicos y celebridades a elaborar
obras que permanecen: un sol que baña una naturaleza fantástica,
unas personas amables y sencillas, un contraste espectacular entre
lo refinado y lo enteramente humano
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